Introducción
Es frecuente que al pensar en los problemas psicológicos, se cataloguen por personas de público general, de otras disciplinas o de modelos pseudocientíficos como enfermedades o trastornos mentales. Esto no solo es técnica y éticamente incorrecto, puesto que no hay argumentación válida ni evidencia empírica sólida que sostenga esta hipótesis, sino que también acarrea consecuencias sociales desfavorables, como prejuicios y estigmas, de la misma manera que pensar que tienen un origen y/o mantenimiento por condiciones biológicas, y estas son innatas, irreversibles, invariantes, o deben ser abordadas con un tratamiento farmacológico.
En el presente artículo vamos a abordar a qué nos referimos cuando hablamos de problemas psicológicos desde la argumentación válida y la evidencia empírica. Si bien existe argumentación y evidencia más que suficiente, el propósito de este escrito es ser accesible al público general, por lo que no vamos a utilizar ningún lenguaje técnico que obstaculice su entendimiento.
Cómo se Origina y Mantiene una Conducta
A medida que tomamos contacto con nuestra experiencia, con los demás y con el entorno que nos rodea, aprendemos diferentes conductas. En la cultura popular, cuando referimos a conducta, tendemos a describirla como una acción observable, pero esta no es una condición necesaria para que lo sea. Pensar, percibir, recordar, sentir, emocionarse también es conducta. Todo lo que podamos decir con un verbo, y, por tanto, todo lo que podamos hacer, es conducta.
A lo largo de nuestra vida, nuestras conductas cobran sentido, a partir de nuestra historia de aprendizaje, el contexto histórico y situacional y el repertorio de conductas actuales. Dicho de otra forma, las relaciones que aprendimos en la interacción entre nosotros y nuestra experiencia, los demás, y lo que nos rodea, las particularidades de la situación actual en la que estamos interactuando, y nuestra relación con cómo interactuamos anteriormente en situaciones similares, y las conductas que aprendimos que están presentes hoy, en cómo nos relacionamos.
Toda conducta tiene una función, por más que a veces no podamos dar cuenta con facilidad de las variables que la controlen o influencien. A veces podemos aprender algunas conductas que funcionan para adaptarnos a una situación, que a corto plazo son viables, pero a largo plazo no lo son. Por ejemplo, si me invitan a una reunión social que es importante para mí, y con frecuencia me siento incómodo en ese tipo de situaciones, evitar ir puede generarme alivio. A medida que el tiempo pase, puedo comenzar a evitar ir con más frecuencia a diferentes reuniones. Puedo aprender a evitar de diferentes formas, incluso estando presente. A la larga, esto me aleja de lo que es significativo para mí.
Qué es un Problema Psicológico
Cuando un conjunto de conductas aprendidas funciona como una barrera para lo que querés hacer, y/o te genera malestar, puede que las veas como problemáticas para tu vida diaria. Podés encontrar esto como intentos de lucha, supresión, control, evitación o escape, de lo que experimentas, respecto de vos, con los demás y el entorno.
Estas estrategias con frecuencia alivian el malestar y funcionan a corto plazo, pero con el tiempo te alejan de lo que es importante para vos. Puede que cada vez utilices estas estrategias en más diferentes situaciones y áreas de tu vida, con más frecuencia, y empieces a percibir esto como problemático.
¿Por Qué Es Inviable Esa Forma de Relacionarnos?
Estas estrategias resultan inviables, puesto que al intentar controlar el contenido de nuestra experiencia, paradójicamente se vuelve más presente. Y si esto te pasa, es la forma en la que aprendiste a lidiar con el malestar y/o con situaciones que implicaron un desafío, no hay algo mal dentro de vos.
El problema no es lo que te pase, sino cómo aprendes a relacionarte con eso. Tomando como referencia la situación anterior, lo que al principio era incomodidad en una situación social, se puede experimentar como un mayor nivel de malestar, tanto en esa como en otras situaciones, a partir de evitar tomar contacto con eso sistemáticamente. A veces, llegamos a no saber cuándo comenzó esa conducta, no reconocerla como una conducta de evitación, o directamente no poder identificarla. Además, el esfuerzo que implica evitar algo, que tan solo lo vuelve más presente, no deja lugar a que hagamos lo que realmente queremos.
Entonces, ¿Por Qué los Problemas Psicológicos No Son Enfermedades ni Trastornos ni Mentales?
Si leíste hasta acá, probablemente ya lo hayas inferido de la respuesta. Si consideramos cómo aprendemos, podemos entender que nos comportamos de manera relacional. La conducta no está en el organismo, sino en la interacción entre este y el ambiente.
El sustrato biológico es necesario pero no suficiente para explicar la conducta, y, por tanto, resulta incongruente considerar que un problema psicológico sea una “enfermedad” o “trastorno”, o que resida dentro de nosotros.
No hay algo que sea problemático por naturaleza, sino que puede serlo cuando funciona como una barrera para acercarte a lo que es importante para vos. No hay bases anatómicas ni fisiológicas que expliquen qué funciones psicológicas controlan o influyen en nuestra conducta, solo correlatos que ocurren en conjunción con ellas. Un fármaco no soluciona un problema psicológico porque ni cómo se origina ni cómo se mantiene se fundamenta en variables biológicas.
No podemos desaprender, y por lo tanto, no podemos borrar el contenido de la experiencia. No podemos cambiar nuestra conducta sin hacer algo diferente, sin relacionarnos con esa experiencia de manera distinta, soltando las estrategias de control y evitación.
Pero, ¿Por Qué Seguimos Escuchando Sobre “Enfermedades” y “Trastornos Mentales”?
Al poner una etiqueta a diferentes conjuntos de conductas que percibimos como problemáticas, nos estamos centrando en la forma, pero cada conducta tiene una función particular en tu historia. Una conducta puede tener formas distintas y la misma función, o formas similares y funciones diferentes. Puede variar de persona a persona. Siguiendo el ejemplo anterior, podés tomar alcohol para distraerte, pero también podrías comer, mirar una serie, jugar videojuegos, mirar el celular, formas distintas con la misma función. Una persona podría sonreír cuando esté incómoda, y otra cuando esté alegre, la misma forma con función distinta. Como vemos, la etiqueta describe, no explica.
Desde la Psicología Basada en Evidencia, el concepto de función estuvo claro desde un principio. Es a raíz de modelos pseudocientíficos, y de otras disciplinas, que se adopta la evaluación categorial, cuando no hay evidencia que la respalde. Si los problemas psicológicos fueran biológicos, como sucede en la medicina, esto tendría sentido, pero como señalamos con anterioridad, no se explican por esta dimensión de análisis. Sin embargo, en Psiquiatría continúa usándose este lenguaje técnica y éticamente incorrecto. Claro está que un nivel descriptivo de análisis resulta más sencillo que uno explicativo, pero su impacto en la práctica carece de sentido. Imaginate tratar a todas las personas como si tuvieran la misma historia, el mismo contexto, y el mismo repertorio de conducta.
Lo que consideramos “problemático”, lo es según las condiciones sociales y culturales en las que estamos inmersos. Desde la Psicoterapia Basada en Evidencia, giramos hacia lo que es importante para vos, en tu situación y condición particular.